
El origen de esta especie se sitúa probablemente en Europa y norte de África, y es la región oriental del Mediterráneo y las Islas Canarias su mayor centro de diversificación.
El órgano de consumo de acelga lo constituyen las hojas enteras o sus partes por separado. En general, las hojas presentan un pecíolo, también denominado penca de acelga, de tamaño grande.
Las principales zonas de cultivo de la acelga se sitúan en Europa central y meridional y Ámerica del Norte.
La acelga es una planta de ciclo biológico bienal y largo que no forma fruto comestible y cuya raíz es bastante profunda y fibrosa.
La industria agroalimentaria se encarga de procesar las acelgas en sus distintas versiones comerciales: conservas de acelga, por entero, o por pencas o por hojas, acelgas congeladas o en diferentes preparaciones junto con otras especies vegetales.
La acelga, puede que por ser una de las verduras más antiguas, de fácil cultivo, y de abundante producción durante todo el año, tenemos opción de prepararla de muchas formas diferentes, sin necesidad de elaborar recetas muy rebuscadas.
La acelga, como hemos visto, se puede tomar cruda o cocida, porque para el resto de elaboraciones se utiliza ya transformada por el calor, siendo los rebozados y salsas son un mero acompañante.
La acelga es una verdura que ha pasado desapercibida a lo largo de la historia, pero que posee aspectos nutritivos muy interesantes. Desde el punto de vista energético, como el resto de las verduras, es un alimento que aporta pocas calorías, aunque eso sí, con una riqueza nutritiva extraordinaria.
Si decidimos contar con la acelga en nuestra cesta de la compra, son muchos los beneficios que vamos a obtener para nuestra salud.
La acelga es una verdura muy recomendable para cualquier persona, independientemente de su edad, sexo o situación fisiológica, por su riqueza en vitaminas, minerales, fibra y sustancias antioxidantes.
Estaría especialmente recomendadas en el caso de:
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