El albaricoque (Prunus armeniaca), también conocido como damasco o albérchigo, es el fruto del albaricoquero. Pertenece a la familia de las rosáceas, la cual incluye más de 2.000 especies de plantas.
A esta fruta se la denominó originariamente Prunus armeniaca porque los romanos la introdujeron en Europa desde el lejano oriente vía Armenia.
Cuando más dulces y jugosos se pueden encontrar los albaricoques es desde los últimos días de la primavera hasta finales del verano, es decir, entre julio y septiembre.
En comparación con otras frutas su aporte energético es bastante bajo debido a su alto contenido de agua y modesto aporte de hidratos de carbono. Destaca por su riqueza de fibra y de sustancias antioxidantes.
Por sus características y composición nutricional se ha de fomentar su consumo en todas las edades: niños, jóvenes, adultos, deportistas, embarazadas o madres lactantes y personas mayores.
Los albaricoques son unas frutas muy delicadas por lo que han de tratarse con gran cuidado y precaución. Un pequeño golpe con la uña o una presión fuerte con los dedos le perjudica, lo mancha y da lugar a su rápida podredumbre.
Dado su exquisito dulzor y su perfumada fragancia, los albaricoques se consumen sobre todo como fruta fresca.
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