La primera parada es Fitero, en cuyo corazón late el primer monasterio
cisterciense de la península ibérica. Fue construido
en el año 1140, bajo el mando del Abad Raimundo (fundador de la Orden de
Calatrava) y hoy pueden visitarse sus principales dependencias, que aún
se conservan intactas: la iglesia abacial, el claustro y la bella sala
capitular. La iglesia es protogótica, el claustro es más
tardío y el estilo de la sacristía es barroco. El retablo es
considerado como el mejor del siglo XVI en Navarra.

